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Black Bloc: cuando la moda se convierte en un acto de rebeldía
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Black Bloc: cuando la moda se convierte en un acto de rebeldía

Por lunasaez114@gmail.com · julio 9, 2026 · 10 min de lectura
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«El pensamiento crítico es el primer gesto de libertad; al romper con lo impuesto, la rebeldía se transforma en una declaración de poder individual.»

Una modelo vestida completamente de negro, subida sobre una de las estatuas del Parque del Retiro mientras varias personas se detenían a observar la escena. Apenas habían pasado unos minutos cuando aparecieron los guardas del parque para indicarnos que no podíamos continuar haciendo las fotografías allí.

Fue un momento tan inesperado como simbólico. Sin buscarlo, estábamos viviendo exactamente aquello de lo que trataba Black Bloc: una editorial que reflexiona sobre las normas, la autoridad y la libertad individual terminaba encontrándose con una figura de autoridad que nos recordaba qué podíamos y qué no podíamos hacer.

En ese instante entendí que Black Bloc era mucho más que una sesión de fotos.


Una editorial con un mensaje

Black Bloc es una editorial de moda concebida por Galilea Ramírez como una reflexión sobre la relación entre la moda, el pensamiento crítico y la libertad individual. A través del estilismo, la fotografía y la dirección creativa, el proyecto explora cómo la ropa puede convertirse en un lenguaje capaz de cuestionar las normas establecidas y reivindicar la identidad individual.

Tuve la oportunidad de asistir a toda la producción y vivir el proceso desde dentro. Antes de ese día pensaba que una editorial consistía simplemente en reunir prendas interesantes, una buena localización y un fotógrafo. Sin embargo, descubrí que detrás de cada imagen existen semanas de investigación, planificación y un enorme trabajo en equipo.

Como escribe Galilea en su proyecto:

«Nuestra libertad de pensamiento y acción está constantemente limitada por estructuras sociales, políticas y culturales que moldean al individuo a su antojo.»

A partir de esa reflexión nace una editorial que utiliza la moda como un lenguaje para cuestionar aquello que muchas veces aceptamos sin plantearnos por qué.

La inspiración detrás de Black Bloc

Desde el principio, Black Bloc se concibió como mucho más que una editorial de moda. Su objetivo no era únicamente crear imágenes impactantes, sino construir una narrativa capaz de transmitir un mensaje.

Las siluetas estructuradas convivían con transparencias, sastrería, cuero y prendas de inspiración vanguardista. El predominio del negro reforzaba esa sensación de fuerza y resistencia, mientras que pequeños detalles en blanco y rojo rompían la uniformidad y dirigían la mirada del espectador.

La inspiración bebe de referentes que han entendido el arte y la moda como herramientas para cuestionar las normas establecidas. La subcultura punk, con su actitud inconformista y su rechazo a las convenciones, sirve como uno de los pilares del proyecto. A ella se suman figuras como Vivienne Westwood, Ai Weiwei, Barbara Kruger y Helmut Newton, referentes que utilizaron la creatividad para desafiar lo establecido y defender la libertad individual.

Sin embargo, Black Bloc no pretende imitarlos. Toma esa actitud como punto de partida para construir una identidad propia, donde cada decisión tiene un propósito. La paleta de color dominada por el negro, acompañada de detalles en blanco y rojo, las siluetas arquitectónicas, las prendas de estética vanguardista y las localizaciones elegidas forman parte de una misma narrativa que habla de resistencia, autonomía y libertad de expresión.

Todo el proyecto puede resumirse en una de las frases que aparecen a lo largo de la propuesta:

DESOBEDIENCIA = LIBERTAD


Detrás de las cámaras

Algo que muchas veces olvidamos cuando vemos una editorial es todo el trabajo que existe antes de que se haga la primera fotografía.

Detrás de Black Bloc hubo semanas de investigación, búsqueda de referencias, selección de diseñadores, contacto con las marcas para conseguir las prendas, construcción de los estilismos y planificación de cada localización. Nada estaba improvisado. Cada look respondía a una idea concreta y cada escenario había sido elegido para reforzar el mensaje de la editorial.

Pero, una vez llegó el día de la sesión, todo ese trabajo previo tenía que transformarse en imágenes.

Detrás de las fotografías había una directora creativa, un fotógrafo, un videógrafo, una maquilladora y peluquera, una modelo y varios ayudantes que hicieron posible que la visión de Galilea cobrara vida.

Desde el primer momento se respiraba un ambiente de profesionalidad, pero también de compañerismo. Todos conocían perfectamente su papel y, al mismo tiempo, todos colaborábamos constantemente. Si alguien veía una pose interesante, un mejor encuadre o un pequeño detalle que podía mejorar la fotografía, lo comentaba. Era un trabajo completamente colectivo en el que todas las opiniones sumaban.

Toda la sesión transcurrió por las calles de Madrid, por lo que el tiempo era uno de nuestros mayores enemigos. Teníamos que movernos con muchísima rapidez entre una localización y otra para aprovechar la luz y conseguir fotografiar varios estilismos en cada escenario.

Todo estaba perfectamente organizado. Las prendas viajaban clasificadas en bolsas dentro de grandes maletas que arrastrábamos por toda la ciudad, haciendo que cada cambio de look fuese rápido y eficiente.

Como toda la producción se realizaba en exteriores, llevábamos un pequeño vestidor portátil, una especie de tienda de campaña plegable donde la modelo podía cambiarse entre un look y otro. Era una solución tan sencilla como eficaz, y una de esas imágenes del backstage que seguramente nunca olvidaré.

La modelo fue una de las personas que más me impresionó durante la jornada. Apenas necesitaba indicaciones. Tenía una capacidad increíble para interpretar el personaje y transmitir exactamente la actitud que requería cada fotografía. Sus movimientos eran fluidos, elegantes y muy expresivos; más que posar, parecía actuar delante de la cámara.

El fotógrafo también desempeñó un papel fundamental. Antes de comenzar cada serie de fotografías recorría el espacio, observaba cómo incidía la luz sobre la arquitectura y buscaba cuidadosamente el mejor encuadre. Solo cuando todo estaba preparado entraba la modelo en escena. Se notaba su experiencia y, sobre todo, que entendía perfectamente la visión que Galilea había imaginado para el proyecto. Gracias a ello consiguió capturar no solo la estética de la editorial, sino también todo el concepto que había detrás.

La maquilladora y peluquera fue otro de los grandes descubrimientos del día. A pesar de transportar cajas y cajas de maquillaje y herramientas, trabajaba con una rapidez y una organización impresionantes, manteniendo cada look impecable durante toda la sesión.

Trabajar en plena calle también hizo que la producción despertara mucha curiosidad. En cada localización se reunían personas para observar, hacer fotografías o preguntar qué estábamos haciendo. Durante unos minutos, la editorial conseguía alterar el ritmo cotidiano de la ciudad.


Madrid como escenario

Las localizaciones no fueron una elección estética, sino conceptual.

Recorrimos distintos espacios emblemáticos de Madrid, como el entorno del Congreso de los Diputados, la Iglesia de San Jerónimo y diferentes zonas del Parque del Retiro. Lugares que representan instituciones, tradición y autoridad.

Precisamente por eso fueron elegidos.

La intención era crear un contraste entre esos espacios y la actitud de la protagonista. La modelo aparecía tumbada sobre el asfalto, ocupando escaleras con absoluta naturalidad o posando frente a una iglesia vistiendo prendas que rompían con las ideas más tradicionales sobre cómo «debería» vestirse o comportarse una mujer en ese contexto.

No se trataba de provocar por provocar, sino de reforzar visualmente el mensaje de la editorial y demostrar que el espacio también puede formar parte del lenguaje de la moda.

Mi momento favorito llegó precisamente en el Parque del Retiro.

Una de las fotografías estaba planteada sobre una de las estatuas de los leones. Apenas comenzamos a hacer las fotos, los guardas del parque nos llamaron la atención para decirnos que la modelo no podía subirse.

Recuerdo que todos nos miramos y no pudimos evitar sonreír.

Era imposible no encontrar cierta ironía en la situación. Sin haberlo planeado, el propio desarrollo de la sesión reflejaba el mensaje de Black Bloc. La autoridad aparecía para recordarnos los límites establecidos, mientras nosotros intentábamos construir una imagen que precisamente invitaba a reflexionar sobre esas normas.

Fue un momento completamente inesperado, casi cinematográfico, y probablemente el instante más icónico de toda la jornada.


Una editorial con mensaje

En Black Bloc la ropa nunca fue simplemente ropa.

Cada prenda ayudaba a construir el personaje y reforzaba el concepto de la editorial. Los estilismos reunían firmas como Yohji Yamamoto, Maison Margiela, Jean Paul Gaultier, Issey Miyake y Comme des Garçons junto a diseñadores emergentes como Severe Studio, SVVVA y Mari Lemet.

Fue especialmente interesante poder ver estas prendas fuera del contexto de una pasarela o una campaña publicitaria. Observar de cerca cómo estaban construidas, cómo reaccionaban al movimiento y cómo dialogaban con la arquitectura de Madrid hizo que apreciara todavía más el trabajo que existe detrás del diseño de moda.

Cuando vi las fotografías finales entendí que el proyecto había conseguido exactamente lo que se proponía desde el principio.

No hablaba únicamente de ropa.

Hablaba de identidad.

De libertad.

Y de la capacidad que tiene la moda para generar conversación.

Antes de asistir a esta sesión pensaba que una editorial consistía simplemente en reunir prendas bonitas y hacer buenas fotografías. Después de vivir Black Bloc entendí que detrás de cada imagen existe una enorme cantidad de investigación, planificación, creatividad y trabajo en equipo.

Desde entonces, cada vez que veo una editorial de moda ya no me fijo únicamente en la ropa. También pienso en todas las personas que hay detrás y en todas las decisiones que hicieron posible esa imagen.

Y quizá por eso la mejor forma de resumir Black Bloc sigue siendo la frase con la que comienza el proyecto:

«El pensamiento crítico es el primer gesto de libertad; al romper con lo impuesto, la rebeldía se transforma en una declaración de poder individual.»


Créditos

Dirección creativa y estilismo: Galilea Ramírez

Fotografía: Paulo Herrera

Videografía: Camilo Andrés

Modelo: Valerie Shishkina

Maquillaje y peluquería: Sara Prada

Asistentes de producción: Venus Amengual, Melani

Localizaciones: Entorno del Congreso de los Diputados, Iglesia de San Jerónimo y Parque del Retiro (Madrid).

Firmas utilizadas: Yohji Yamamoto, Maison Margiela, Jean Paul Gaultier, Issey Miyake, Comme des Garçons, Severe Studio, SVVVA y Mari Lemet.


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